…///…


EL CRUCERO

Capítulo III.- VISITAS - EL ENCUENTRO

El primer puerto de parada fue ILHABELA, como el calado  no permitía el atraque de la Nave, se consigue llegar a la costa por medio de unas lanchas del propio barco, un servicio continuo cada 10 minutos que lleva y trae pasajeros hacia la playa de los paulistas y de regreso a la Nave. Las lanchas eran  preciosas, de color blanco y naranja, techadas, con ventanas y que sobre ese mar profundamente azul-verde casi no se balanceaban. A esas lanchas se tenía acceso directo, desde una de las puertas mas bajas de carga del barco y  en la que habían instalado una empalizada fija, especie de andamio grande, colocado a ras de las lanchas.

La vista era magnifica, en  todo el contorno de la bahía, por las colinas verdísimas resaltaban poblados de casas con techitos rojos que parecían  suspendidas.   La excursión prevista era de 4 horas e  incluía un paseo en SCUNA, un velero a motor típico de Brasil. Pero ¡ que frustración! el referido paseo se suspende por razones técnicas <<la rotura del motor >> así que no queda más remedio que caminar bajo un sol que parte las piedras, a las 14h.sin rumbo fijo. Las opciones eran a) esta, es decir asarse bajo el sol andando b) sentarse en un bar, por cierto muy modesto, por lo que no apetecía demasiado y así hacer tiempo o c) subirse a un jeep de 6 plazas, para visitar la isla. Esta opción me parecía la mas adecuada, pero al parecer el día no había comenzado con muy buenos auspicios para mi, pues las 6 plazas, la pidieron rauda y veloz el grupito de “simpáticas señoras”  y además tenía el presentimiento de que estas señoras, me iban a chafar mas de una idea o deseo durante el Crucero, así que no quedaba otra opción del bar, junto a la vereda de un camino polvoriento y a caminar. El pueblo no ofrece nada, por más que quisiera buscar algo de interés, poco movimiento…<<hace demasiado calor>> sólo dos o tres calles asfaltadas a lo largo de la costa, una especie de Avenida peatonal en miniatura con comercios minúsculos, humildísimos, buenas casas sobre la costa posiblemente propiedad de veraneantes de San Pablo, coches con esa matrícula de una  población autóctona muy modesta. Como el tiempo es escaso, tampoco se tiene la oportunidad de profundizar demasiado en la idiosincrasia de su gente, <<que ironía la Segunda Industria del lugar>> era el Turismo, por conclusión, supongo que la primera sería la pesca. Cansados y asados, nos sentamos en la playa bajo unas palmeras al lado de un parador, para deleitarnos con el bellísimo espectáculo del mar, las embarcaciones deportivas y de pescadores. Constantemente recordaba la recomendación <<sine qua non>> de un miembro de la tripulación para quien descendiera a la isla, procediera a munirse algo parecido a un repelente insecticida, supongo que el olor que desprendía, debía ser lo que produjera el efecto para  empastarlos, pues cometí la doble tontería de comprarlo pero no usarlo, con solo quitar el tapón del envase ya me repelió, pues cuando me di cuenta estaba bien surtida de picaduras en las piernas y en los brazos, producto de los abominables y minúsculos monstruos denominados “jejenes”.

¿Cómo habrán hecho Vespucio y sus marinos cuando “descubrieron” la isla en 1502? Pienso que después de tantos días de navegación y sin grandes posibilidades de higienizarse, las víctimas mortales habrán sido los “jejenes”. Este incesante picor y la maniobra necesaria de impregnarme de insecticida pestoso, me tenía ocupada y me sobreponía al sopor que me embargaba, pero sobre todo me espabiló los cinco sentidos, el olor que me llegó e instintivamente como sabueso rastreando a su presa, forzaba y alentaba mi instinto olfatillo para dar con el lugar de donde venia ese afrodisíaco aroma, el de unos exquisitos aquí le dicen “camarones” yo creo que se asemejan mas a los langostinos a la plancha y que presta pedí, con una cerveza fría, di buen recaudo de ello << eso si fue lo mejor >>. Al menos había recuperado parte de mi ser y con el regreso al barco fue mi liberación, dada la temperatura reinante. Puestos a considerar cuando llegamos a Ilhabela, habían transcurrido 50 horas seguidas navegando sin parar, a esta altura cualquier atolón desierto nos hubiera parecido el paraíso, por más que en el transcurso a bordo, se habían encargado de organizar sabiamente la cena de gala, el baile de carnaval y otras “faranduléses”.     La partida, sin duda alguna la mejor, pues como en este caso era el único del recorrido,  en el que la nave había anclado, sin mas, sin cordón umbilical, ni ataduras de amarras, pues presencié toda la parafernalia que significa “levar anclas”. Y NO ES CUALQUIER ANCLA!!!!!!!!

Después de 10 horas de navegación nocturna, arribamos en Puerto Santos. Es una ciudad sorprendente, por lo menos para mí. No la imaginaba tan extendida ni tan moderna en su edificación y sistema vial. El puerto, con muelles y depósitos,  tiene 14 km. de longitud y es muy intenso el ir y venir de camiones con mercaderías varias, siendo el café el producto líder en sus exportaciones. Su topografía es muy atractiva pues está rodeada por elevaciones de vegetación intensamente verde que bajan suavemente hacia el mar.

En la excursión contratada nos llevan a varios lugares de interés  “relativo”. Una iglesia, un orquidiario, pero al no ser época de floración, pues sin orquídeas, un deplorable y pobre zoológico, al ver los papagayos, me acordé que llevaba una cámara y les hago algunas fotos, además había un acuario muy, muy modesto y terminamos el recorrido haciendo un tramo de 300 mts. bordeando una playa, posiblemente como fue en autobús, pues me pareció todo hasta ahora de ridículo, subimos en un trenecito, a la altura máxima de la ciudad desde donde se la puede apreciar totalmente. Es una mezcla extraña de colonia portuguesa estancada en el tiempo en algunas construcciones, con altos y vidriados edificios que delatan la pujanza brasileña del hoy, sin embargo no la percibo tan contrastante como Bahía, tal vez hay  menos pobreza, más trabajo sin duda, esto es lo que difiere.

La nave parte una hora y media después de la prevista por el retraso de cuatro pasajeros. Pienso que en cualquier otra compañía naviera  los habrían dejado en tierra pero los latinos somos así, “buenísimos y comprensivos” <<en confidencia si no hablamos bien de nosotros ¿quien lo hace? Jajaja>>>. Y además tenemos un capitán italiano y condescendiente.

La salida del puerto es más que emocionante, además de los saludos habituales de la gente que se agolpa en el muelle, en una ojeada a los que nos encontramos en cubierta, me percato de que ha aumentado el pasaje, apoyados sobre la barandilla del lado de estribor, efectivamente observo caras nuevas y por un instante me pareció que sonaban campanitas en mis oídos, estrellistas revoloteaban a mi alrededor, entre el nuevo pasaje una cara había producido en mi tales efectos, aunque la mirada fué de pasada algo especial se había producido, mi instinto de conservación de mujer recatada y reservada, me dictaba que no volviera mirar para ese lugar…<< lo siento, resultaba muy fuerte el evitarlo>>… no pude, supongo que era el mismo efecto que le ocurrió a los marinos de Ulises, al paso junto a la isla de la Sirenas y volví a mirar otra vez y fue cuando se cruzaron las miradas, creo que el me estaba mirando dese hacía algún tiempo, era un hombre de no mas de 40 años, atractivo, moreno y guapísimo, lo veía en medio de un halo luminoso, debo reconocer que estaba ensimismada y me hizo volver a la realidad el sonido complice de las sirenas de la nave y otras dos que se encontraban amarradas en el puerto, como un dialogo entre ellas, de despedida, una verdadera fiesta a base de sonidos y luces, pues desde tierra nos homenajeaban con ¡¡fuegos artificiales!! Im-pre-sio-nan-te, a los que yo añadiría los sonidos como de trompetas y campanillas, que resonaban en mi corazón, que estaba a punto de estallar, incluso jaseaba como si tuviera dificultades para respirar.

En este punto tengo que hacer un alto en el relato ..<< como te conozco, no quiero ni pensar lo que en estos momentos estarás pensándo >>…estoy convencida querida amiga que hasta tu misma te habrás sorprendido y te preguntarás ¿Cómo no me has contado nada antes, cuando te recogí en el Aeropuerto?  Recuerdas que me dijiste cuando nos encontramos << te veo esplendida, te veo con una satisfacción en la cara >> y yo te contesté <<verdaderamente este ha sido el Crucero de mis sueños…..ha sido el Crucero de mi vida>>

Pero mejor ir paso a paso, te prometí que te daría toda clase de detalles y aprovechando que hoy no tengo a mi Luci en casa y me quedan algunos días de vacaciones, pues te lo contaré todo y así  disfruto otra vez mas cada momento, al escribírlo …¿ escribirlo todo ?... ¡¡no!! algunas cosas muy intimas, te las contaré personalmente, es la  forma de poderla entender mejor, al expresar con gestos, con énfasis, lo que en la escritura no podría manifestar…¿O quizás, no lo entenderías de igual forma?

Hicimos otro tramo acuífero nocturno y entramos en Río de Janeiro por la mañana, es más temprano de lo previsto, por lo que me pierdo admirar desde el mar, la visión maravillosa de la ciudad carioca. Existen varias opciones en cuanto a excursiones,  reconozco que mi parte de Eva del Edén estaba haciendo de las suyas, pues llevaba doble intención al  optar ir por libre y moverme a mi gusto, tenía el presentimiento de que algún voluntarioso y atractivo guía me acompañara, suponía que sería así, pero lo que rogaba era que coincidiera con “el caballero de mi fugaz mirada” que conociera algo de esa Zona y se ofreciera a acompañarme.

Estaba dispuesta a poner un poco de mi colaboración, para ello lo primero que pensé hacer era ir al buffet temprano, pero tampoco era cuestión de llegar demasiado pronto…. ¿ y si él era dormilón y se levantaba tarde?.... decidí tomarlo con filosofía y parsimonia. Así desde la cubierta, por la cristalera podría ver el interior y observar si estaba, entrar o de lo contrario disimuladamente dar un paseo por los lugares cercanos al bufé.

Pensaba ilusionada en el encuentro imprevisto, me tendí en una tumbona y abrí el libro de Danielle Steel que llevaba conmigo siempre que iba a desayunar o a almorzar y que a ratos iba avanzando en la lectura, sabía que si venía a desayunar tendría que verlo de entrar, pues era la única puerta de acceso desde la cubierta, pasaron los minutos y aceleradamente como el ritmo que tomaba mi corazón, pasaba el tiempo acercándose la hora que estaba programada para cerrar los desayunos, por lo que me dispuse a entrar, fue un desayuno desilusionado y a solas.

Me encontraba en el camarote, dispuesta a acudir al mostrador del salón de Recepción para decidir que hacer este día. Por ahora no había salido bien mi primera idea, no había tenido suerte en el primer intento, por un momento deje de fantasear, volví a la realidad y pensé  << es posible que este acompañado, o que tenga compromiso e incluso mujer.>>… ¿Pero que estaba haciendo, que forma de comportarme?... parecía una chica de 16 años. Era absurdo e insólito mi estado de nervios y preocupación>>  ¿ a mi edad, con la experiencia frustrada que he tenido recientemente,  con mi divorcio?

Llegue al salón y me puse a ojear las distinta alternativas que había programadas., cuando oigo a mi espalda, una voz ------buenos días, disculpe mi atrevimiento, mi nombre es Françoise, he visto que tiene alguna duda y me ofrezco, si me permite para ayudarla ------querida amiga Paola, era él, me di la vuelta y estaba allí, fue imposible que no pudiera ver de ruborizarme, tonta de mi estaba desarbolada y me dije para mis adentros <<pero si era lo que estaba esperando>> y en un instante  saque lo mejor de Lucia, la Lucia que tu conoces imperturbable, fría y calculadora.

------ Bonjour Françoise, c'est moi Lucia----- y nos dimos la mano, la suya era suave al tacto, tenia los dedos largos, finos, por esto pensé que debía ser escritor, medico, músico o dedicarse a los negocios o quizás a la política. Estaba claro que su actividad predominante no necesitaba de un uso de fuerza o desgaste con las manos.

----- ¿Qué dice a mi ofrecimiento?----- me dijo “ pero como no hijo, si te he estado esperando” pensé decirle, pero aunque era real, resultaba demasiado atrevido, demasiado frívolo, deseaba tener compañía y mejor la de un hombre guapo e inteligente, pero no se lo iba a poner todo en bandeja, tampoco estaba dispuesta a dejarlo ir, así como así, sin que me diera motivo a ello y le dije con gesto de ingenua y suplica

------ No conozco nada de aquí, es la primera vez que hago este Crucero, así que si me ayudas y me das un consejo, te lo agradecería-------él me contestó

------- Precisamente tengo un poco de experiencia pues he hecho este viaje en tres ocasiones, así que si me permites, no solo te puedo asesorar, si no que sería un placer que me dejaras que te acompañara, que sea tu guía personal-------puedes imaginar mi interior era un volcán en erupción, con deseos de dar un salto y gritar..¡¡Siii!!... a lo Silvester Stalone en la mejor escena del film Rocky , con la música de la B.S. de fondo, cuando consigue después de la agotadora carrera, culminar hasta lo más alto, de las escalinatas del Capitolio ….. ¡¡SIIII!!....

<<<Pues no tengo mas remedio, encantada, cuando quieras>>>

Fue una suerte que los dos tuviéramos esa facilidad de hablar idiomas, pues aunque en este tema pensaba que las circunstancia eran favorables, principalmente para él, pero al igual que yo hablaba, francés “su idioma natal” italiano, inglés y español.

Considerando que el Crucero partió de un País de habla Hispana, pues decidimos hablar entre nosotros este idioma, tan solo cuando las circunstancias lo requerían, utilizaríamos el idioma que mejor se adaptara al País que estuviéramos visitando o por interés propio. En este caso nos encontrábamos en un País de habla Portuguesa, pero la mezcolanza de Italiano, Español era entendido por todos.

Conforme caminábamos a la rampa de salida, me comentaba Françoise que había lugares con mucho atractivo turístico, como  Corcovado o el Pan de Azúcar, pero que dado el poco tiempo que se disponía, me sugería visitar otros lugares que él también tenía interés en conocer y que se necesitaran menos recorridos, para así  disponer de mayor tiempo y ver mas sitios.

Tómanos un taxi que estaba a la entrada de la escalinata en el puerto y dio la circunstancia que el taxista hablaba perfectamente el italiano, estuvo viviendo en Roma 15 años y su ex también se llama Lucía, con el que disfrutamos de un paseo interesantísimo durante unas 4 horas. El nos explicaba los motivos de visitar este o aquel lugar y aunque nos comentaba que existían otros, nos aconsejaba que dejáramos llevarnos y así hicimos. Conocimos  a la “otra Río” en la que él vive y saborea como pintor lugareño que es, la que mira al Corcovado desde abajo, desde las calles arboladas y tranquilas, o desde la preciosa colina de Santa Teresa con su barrio histórico y Museos, nos conduce a los pies del Pan de Azúcar al plácido y encantador barrio de Urca, donde por recomendación de nuestro improvisado guía, estuvimos tomando algunas comidas típicas, no recuerdo como se llamaban algunas, otras ya las conocíamos, como ensaladas. Las visitas continuaron y nada de ir a Sambódromo, Maracaná o Cristo Redentor, sí en cambio la Laguna de la Concepción en todo su perímetro o la regia avenida donde se asoman  bellas construcciones señoriales con grandes Comercios y fue aquí donde nos dejo el simpático y amable taxista, a una distancia aproximada de 800 metros, por el febril Centro Comercial para ver y si interesaba hacer unas compras, regresando a pie, mezclándonos con la gente que iban  apuradísimos pues era la hora en que salen de sus trabajos, me compré un reloj Omega por 5 dólares << ¿no lo crees? ….es casi idéntico, con sus “casi rubíes y perlas” la pena es que se quedó en “casi” y el nombre era Onega, ya puedes suponer la procedencia ….. pues de la China.

Ahora estarás que te comes las uñas, pensando …<<si, si todo está bien, ¿pero del acompañante, que cuentas? >> Pues que en todo momento se comportó como lo que aparentaba ser, un señor, no pudimos confidenciar mucho, mejor dicho nada, por que teníamos al verdadero guía como “escopeta” ya sabes, no pudimos estar solos hasta el final y aún así rodeados de una multitud por las calles, hasta el barco. Franç como decidimos que le llamara, él a mi Lucy,   no dejó que yo abonara ningún gasto, incluso el reloj, me rogó, que lo aceptara como un regalo, mas que por el valor económico por el sentimental.  Conclusión, no podría habernos ido mejor, aunque ¿¿¿ quizás pudo serlo….???.

….////….